Metodología del Estudio
La práctica es fácil, cómoda y viable, ya que está adecuada a las posibilidades de los alumnos. Nunca se proponen posturas difíciles, imposibles o contorsionísticas. Solo los alumnos muy antiguos y muy avanzados acceden a niveles más complicados.
El programa está ajustado a las capacidades de cada grupo, pues estos están organizados según distintos niveles. En estos momentos, están asistiendo a clase los nietos de algunos de los antiguos alumnos que tienen más de 80 años y empezaron su práctica de yoga hace 40.
Esta situación es la que imposibilita que mezclemos alumnos, puesto que están más elásticos y avanzados los antiguos que los jóvenes. En muchas ocasiones no podemos acomodar alumnos nuevos precisamente porque solicitan horarios inadecuados para sus condiciones.
Cada sesión se construye y se elabora durante la práctica. No se trata, pues, de proponer tablas fijas o series estándar, idénticas en todos los grupos. Cuando un alumno viene con algún problema físico determinado, como escoliosis, o psíquico, como depresión, no se trata de incluirlos en cualquier grupo y dirigirles el “saludo al sol”. Así jamás van a tener resultados ni van a resolver nada. El sistema cambia según la problemática.
Depresión, ansiedad, agorafobia, claustrofobia.
Desde hace 40 años los resultados más patentes los hemos obtenido en los casos de depresión profunda, crisis de pánico, agorafobia, etc. Ya en los años 70 los doctores Pedro Malabia y Jorge Semper nos enviaban pacientes con esta problemática. Entonces, la agorafobia ni siquiera estaba diagnosticada, por desconocida.
También las doctoras Lola y Guillermina Vilar, quienes eran unas adelantadas para su tiempo (años 50), que fueron quieres recomendaron el yoga a Luisa Ramón en 1960, lo aconsejaban y practicaron ellas mismas hasta una edad avanzada.





